Bonus Q3: Crónica de una muerte anunciada… la de la motivación.
Afrontamos el último tramo del año y, como un mal «déjà vu», la Dirección vuelve a la carga con los retos del bonus para el tercer cuatrimestre. La historia, lejos de mejorar, empeora. Desde SECB no nos cansaremos de denunciarlo: el sistema de retribución variable, que debería incentivar, se convierte en una fuente inagotable de presión, frustración y despropósitos.
Las reclamaciones que delegados SECB escuchamos desde toda la geografía son un clamor unánime y demuestran que la situación es insostenible:
Un sistema cuatrimestral que es sinónimo de caos: El nuevo modelo ha resultado ser mucho más perverso que el anterior. Se nos prometió más control y se nos ha dado más improvisación. Las bases se publican y se modifican sobre la marcha, no por circunstancias excepcionales del mercado, sino por los volantazos estratégicos de la empresa, dejándonos con un margen de maniobra casi nulo.
Retos desorbitados y castigos territoriales: Nos llegan noticias de que la suma de los retos de los dos primeros cuatrimestres ya supera el total exigido en todo el 2024. ¡Es una auténtica barbaridad! Y por si fuera poco, se castiga a las plantillas por no llegar a objetivos inalcanzables. En algunos territorios, tras un segundo cuatrimestre imposible con el mes de agosto de por medio, y para compensar, ahora se exige un 150% de cumplimiento. Esto no es motivar, es castigar.
«Trampas» para no pagar y objetivos absurdos: La picaresca para dificultar el cobro alcanza niveles surrealistas. Empleados de otro territorio nos informan de exigencias inverosímiles como objetivos de 700.000€ en productos de alto valor excluyendo monetarios, la obligación de que la captación provenga de un único cliente, o rechazar cheques bancarios para exigir transferencias. Se llega incluso a sugerir «invitar» al cliente a ingresar un cheque en otra entidad para luego traerlo vía transferencia. ¡El colmo de la ingeniería financiera para no pagar bonus!
Sobrecarga inasumible: más cartera por el mismo sueldo. La realidad diaria en las oficinas es cada vez más asfixiante. La cobertura de bajas se traduce en un «regalo envenenado»: heredar la cartera del compañero ausente con un reto único para ambas carteras. Gestores Premier que ya manejan carteras de 700 clientes ven cómo estas siguen creciendo por amortizaciones de puestos, haciendo la gestión personal y de calidad una misión imposible.
Y si los retos no se consiguen… ¡a mover el avispero! Un viejo sistema que no pasa de moda, pero adaptándolo a estos tiempos castigando a Gestores Comerciales.
Desde SECB exigimos el fin de esta espiral de presión. Queremos un sistema de bonus basado en la transparencia, la coherencia y el realismo.
Y a pesar de todo, la plantilla, con una profesionalidad admirable, sigue logrando objetivos casi imposibles.
Pero… ¿hasta cuándo creen que los empleados van a soportar este nivel de presión?
La prueba más evidente de este hartazgo ya está aquí: las publicaciones de plazas de nuevas funciones empiezan a quedarse desiertas. Los propios empleados están renunciando a promocionar porque no quieren asumir una mayor responsabilidad que saben que vendrá acompañada de un incremento insostenible de la presión comercial. Ante esta situación, la empresa debería mirarse el ombligo y preguntarse por qué su propia gente no quiere progresar. Pero es más fácil esconder la cabeza bajo el ala, como el avestruz, y seguir adelante con la única meta de unos pocos cobren sus elevados bonus a costa del esfuerzo y la salud de la plantilla.
Se nos vendió el Cumplimiento Medio Ponderado como la base de la flexibilidad y autonomía para adaptar las características de cada oficina buscando el cumplimiento de los retos y así alcanzar la gloria. MENTIRA. COMERCIALIZACION, COMERCIALIZACIÓN Y MÁS COMERCIALIZACION. Hay que cumplir con todas las “patas” de la mesa de este perverso sistema, O NO SIRVES. O, lancemos una pregunta al aire…, ¿algunos se quedan sin cobrar sus jugosos bonus?
Una brutal cita de una excelente película que trata sobre el póker dice: «Si no puedes detectar al tonto en tu primera media hora en la mesa, entonces tú eres el tonto».
Tal vez algunos jefecillos crean que los tontos somos los empleados. Pero deberían saber que de esa media hora, ya han pasado 29 minutos. El tiempo de juego se acaba, y puede que en el último minuto se encuentren con la sorpresa de que, en esta partida, los tontos sean ellos. ¿Qué pasará cuando empecemos a comparar lo que se cobraba en años anteriores y lo que se va a cobrar este año? ¿Alguien, en su sano juicio, piensa que “los otros” van a tener esas variaciones? Tic tac, tic tac…
Porque todo tiene un límite. La cuerda se puede tensar, pero si se sigue forzando, se rompe. El vaso se puede llenar, pero una gota más lo hará rebosar. La paciencia de esta plantilla se ha estirado hasta lo inverosímil, pero está a punto de agotarse. Este año quizás no, pero la sorpresa llegará. Y no será agradable para quienes han ignorado sistemáticamente que al otro lado de sus hojas de cálculo y sus retos desorbitados hay personas.
La pregunta es: ¿cuándo dejará de hacerlo?
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